A EL AUMENTO Y LOS AUMENTOS

Por: Álvaro Samuel.

latrincheranoticias.wordpress.com

El Gobierno Revolucionario de Nicolás Maduro ha tenido que enfrentar la peor arremetida económica del imperio gringo en toda la historia de la Revolución Bolivariana de Venezuela, fiel al legado de Chávez ha teniendo siempre presente las necesidades del pueblo, por eso solo este año en medio de la guerra económica-inflacionaria ha decretado cuatro aumentos salariales.

El pueblo trabajador, que es la sangre que mueve al país reconoce la buenas intenciones del Presidente Maduro al decretar este nuevo aumento del salario mínimo llevándolo de 1.000.000 a 3.000.000 Bs y el cesta ticket 1.555.500 a 2.196.000 Bs, ubicando el nuevo ingreso mínimo legal en 5.196.000 Bs, un aumento del 103%, todo lo contrario a países de Latinoamérica con gobiernos neoliberales donde se reducen los salarios y aumentan los impuestos, se privatizan los servicios públicos complicándoles la vida a sus pueblos.

Pero en Venezuela ocurre un extraño fenómeno hiperinflacionario, cada vez que el Gobierno Revolucionario aumenta los sueldos,  los precios de los productos necesarios –y de los no tan necesarios- para la vida como los alimentos, medicinas y transporte se disparan, ya no por las nubes porque hace tiempo que están fuera de la atmosfera de la tierra.

Este fenómeno hiperinflacionario que todavía sorprende al pueblo venezolano debe ser frenado, extirpado porque es un cáncer que se está comiendo los salarios de las mujeres y hombres trabajadores de la patria.

Con la aplicación de un fuerte ajuste de precios, que no sea sólo ejecutado por la mano del Estado sino acompañado de un verdadero esfuerzo del poder popular, desde cada una de sus organizaciones de base e individualidades será posible ir dándole un parao a la hiperinflación inducida y mantenida por corruptos que se benefician de ella, que  mantienen vigente en medio de la Revolución la regla de la selva capitalista según la cual tendrán acceso a los alimentos el que tenga suficiente dinero para pagar sus inflados precios.

Los corruptos de cuello blanco, cuello verde oliva, los disfrazados de rojos rojitos y  los dueños de abastos y bodegas que remarcan los productos cada semana tienen que pagar por los crímenes económicos que están cometiendo en contra de los mujeres y hombres que salen cada día a ganarse la vida trabajando por el beneficio de la patria de Bolívar y Chávez.

A los corruptos hay que denunciarlos no importa si son nuestros vecinos, amigos de la infancia, o supuestos líderes de la comunidad, porque es igual de corrupto el que comete el crimen económico, como el que permite que se cometa sin ni siquiera quejarse públicamente.

Esta guerra económica-inflacionaria desaparecerá cuando cambiemos nuestro papel de actores pasivos ante ella, ya basta de solo quejarse, ha llegado la hora de dejar de ser niños de siete meses que esperan que papá Estado resuelva todos los problemas, en esta hora tenemos que ser protagonista de los esfuerzos que necesita la Revolución para salir de la guerra económica.

 

 

 

 

 

 

 

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